Seguramente pocas veces imaginamos un City Bell como el de
hoy: puertas cerradas, todos adentro, sólo deambulan los que tienen (y pueden)
trabajar, más algunos pocos por necesidad de reabastecimiento.
Este 10de mayo City Bell festejó sus 106 años en medio de una cuarentena
inimaginada aquel 10 de marzo de 1914, fecha en la que en verdad dio su primer
berrido el recién nacido pueblo.
En la mañana encontré en diversas páginas y perfiles de
Facebook muchas alusiones a la efeméride. Prácticamente en su totalidad
evocaban tiempos idos, y con ellos la tranquilidad, la vecindad, el verde, la
solidaridad, la paz, el silencio y la tranquilidad que por décadas caracterizó
al pueblo donde nací. Pueblo que no debe andar lejos de los cien mil habitantes
pero que en el corazón de muchos lugareños sigue siendo “nuestro pueblo”.
Es que, me parece, la cuarentena nos ha llevado no sólo a
ordenar y limpiar placares y galponcitos del fondo, sino también ha removido
recuerdos y sentimientos. En palabras de mi amigo Bernardo Heras, “es como un
retiro espiritual pero a lo bestia”. Me gustó la imagen.
Aunque el día se prestó ideal para desfile en la plaza, para
encontrarnos y saludarnos como cada año, esta vez fu diferente pero no menos
intensa. Nuestro sentido de pertenencia a esta tierra es pandémico.
Feliz cumpleaños, City Bell, feliz aniversario a todos y
cada uno de los citybellinos de alma.

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