domingo, 10 de mayo de 2026

Blablateca - Rostros en la calle

 


https://open.spotify.com/episode/3yI10N4bmqujBMSnK5tRP8?si=ju7A7iuJQeCBAJU3L-q2VA

 
es el enlace al episodio 24 de Blablateca. Pasá y escuchá, sos bienvenido.

domingo, 3 de mayo de 2026

Joya


 

Ja. Jueves de junio en Jujuy. Julio juntó guijarros junto al aljibe resquebrajado: jaspes, jades, un menjunje ajetreado que abarajó con enjundia. Jinete de los mejores, dejó su jumento bajo las hojas quejumbrosas.

Juega al ajedrez con trebejos japoneses enajenados a Juan. ¡Jorobarse! Justo rajó por debajo de la reja roja de una jaula: le arrojaban desde el tejado del garaje tejuelas -no jabones- que atajaba con la jeta. Lo fajaría el jardinero Jesús jugando ser juez si no rajaba julepeado al pajonal tras el jacarandá. Justicia por Julio, no es joda.

Jadeante y amasijado, era fija que estaría jodido y cojearía; el traje, hecho jirones, tajeado sin tijera. Juró ejercer justicia, justificar con júbilo y jactancia su juego parejo. Ojeó el reloj sin agujas del tatuaje, homenaje a la Vieja.

Desde lejos lo juna Josefa. Lo aloja y agasaja con pejerrey en rodajas, jurel, abadejo, lonjas de jabalí, tasajo en tajadas, jamón, mollejas con ají rojo, perejil, ajinomoto con ajo, jugo de naranjas y toronjas en jarra rajada, y le granjea majestuosa tinaja con brebaje salvaje, potaje con jengibre y ajenjo.

En el jardín de jacintos y jazmines, Julio, Josefa, Jorge y Jimena, en jean y en ojotas, juegan barajas. Jarana fija de los jóvenes jocosos junto al jagüel.

miércoles, 22 de abril de 2026

De

 

- ¿Dónde dice que le duele? -El médico dudaba de la dolencia que denunciaba don Deolindo Dorado.

- Dos dedos debajo de donde usted depositó su oído, doctor.

- Distensión de duodeno, sin duda. No es cardíaco -diagnosticó el diplomado-. Debe reducir los hidratos del desayuno y de la merienda. Descanse, dedíquese a la meditación trascendental y diclofenac, dos por día es la dosis.

 

         Saliendo del médico Deolindo divisó a doña Desdémona endemoniada en un discurso declamando desgracias. Decía que se dormía tarde; que desde que perdió su destino duda adónde dirigirse. Nadie entendía nada.

 

         Ese día, al despertar, había encendido el velador (decididamente despreciaba la llegada del día desde el inesperado deceso del adorado Desiderio -su finado marido-) y dubitativa delineó un derrotero sin sentido. Su defunción se había debido a disfunción cardíaca: ludópata empedernido, perdió todo lo ahorrado en el hipódromo y las cuadreras. Donde rodaban dados, Desiderio se perdía. Un desastre, Desiderio. Duro para Desdémona diplomarse de viuda y cornuda coincidentemente al descubrir dos damas acongojadas junto al ataúd, despidiendo a su marido en partida a la eternidad. Desdémona le destiló desdén y desprecio al dúo de viudas desconocidas. Les deseó grandes calamidades en sus vidas. Ella era la verdadera, la heredera.

 

         Regresada a la realidad, se administró su dosis de remedios de cada jornada, desayunó Toddy y tostadas con mermelada de durazno y enderezó su destino hacia la vereda y el mercado. Verduras para la ensalada con aderezo, helado para después y Hesperidina para ayudar la digestión. 

 

         En el tocadiscos, al lado de la heladera, Gardel deletreaba Madreselvas desde un disco rayado. Un cuadro en la pared verde recordaba a Desiderio. Diligente, la viuda humedeció un repasador y lo deslizó con decisión por el vidrio devolviéndole esplendor.

 

Cada día Desdémona envidiaba la dicha de los demás. Los detestaba en profundidad con indolencia. ¿De dónde dijo que era Dorotea, la que se mudó al fondo? ¿Dorotea o Teodora? Un dilema, difícil recordar; la dislexia la domina. De todo se olvida, nada recuerda.

 

         Atardecer ardiente, preludio de danza en discoteca. Dorotea no duda. Dispone de dinero, digita en la agenda a Deolindo Dorado. El elegido agradece y declina: le duele el duodeno.

 

18 abr 26

martes, 22 de julio de 2025

008 Macarena, cerros y lagos

 

Macarena, cerros y lagos es una breve historia desarrollada junto al lago Lácar, en San Martín de los Andes. Pasá y escuchá, sos bienvenido. ¡Y suscribite a mi canal de Spotify!

https://open.spotify.com/episode/6rhYxvuwd8xaF5lBSFX8HL?si=aB9s6q4ZSiClxrC8cIheGg

miércoles, 16 de julio de 2025

sábado, 28 de junio de 2025

En la escuela se habla de radio

 

 
Cuando mi compañera de trabajo @María Panelli me escribió por whatsapp preguntando si podía hacerme unas preguntas, ni ella ni yo sabíamos la alegría que iba a generar en mí ese hecho. Es que su hijo Joaquín está en 2° grado y la maestra les había pedido a él y sus compañeritos, que hicieran algunas preguntas sobre la radio a personas "mayores de 60 años" (María, estás perdonada). 
 
Cosas simples: cómo era la radio que había en casa, qué escuchábamos, qué nos llamaba la atención de la radio.
 
¿A qué viene este comentario? A que me parece una muy buena noticia que una maestra de nenes de, promedio, 8 años, les hable a sus alumnos acerca de la radio y los haga "investigar" sobre el tema. 
 
Los que tenemos por la radio un sentimiento especial entendemos la importancia de ese hecho. No todo es celular e internet, redes sociales y posteos. Por detrás de todo
eso, existió, existe y existirá la radio. Gracias, señorita maestra.
 
 
28 jun 2025 

Un hornero en la carnicería

         Ayer el carnicero, morochón de tez colorada a fuerza de adrenalina, justificaba lo injustificable: el mal fútbol jugado por Boca Juniors en este Mundial de Clubes 2025 que se está desarrollando en Estados Unidos. Que el grupo no los favoreció, que los otros tienen a Messi (cuyo equipo sacó del torneo a River, no a Boca), que la dirigencia, que el técnico…

 De repente, lo que vi con el rabillo del ojo me dejó, por un momento, estupefacto. Creí que lo que había pasado velozmente junto a mi zapatilla derecha era una rata. ¡Una rata en una carnicería! Estuve a punto de dar media vuelta e irme, dejando al analista futbolístico con la cuchilla en una mano y la chaira en la otra, dispuesto a atacar un inofensivo rosbif.

 Pero miré bien, y lo que en un principio creí que era un roedor no resultó ser más que un tierno hornero que alcancé a identificar cuando ya descendía por el umbral de la puerta.

 -¿Lo vio? Viene todos los días, entra por la puerta del fondo y sale por la del frente, o al revés. Es mansito -me dijo, bajando el rubor de su rostro, tornando en ternura su mirada, casi con emoción. Una emoción muy diferente de la que sentía cuando hablaba de fútbol, menos de un minuto atrás.