lunes, 27 de abril de 2020

De panza en el maizal


La noticia en el diario El Día del 29 de abril de 1938.

Cuando mañana, 28 de abril, el anochecer comience a anunciarse, se estarán cumpliendo 82 años de lo que podemos considerar como el mayor acontecimiento en la historia de City Bell: el aterrizaje de emergencia de un avión de pasajeros ocurrido en 1938 en los lindes de la por entonces estancia El Ombú, entre el actual country del club Estudiantes de La Plata y el arroyo Martín.



Durante años, para referirnos al caso nos basamos en tres fotografías originales y los testimonios de dos vecinos memoriosos: Eusebio Carnevale –en ese entonces un niño de 13 años- y Juan Forneris, quien había recogido la historia por parte de su suegro el chacarero de apellido Mercuri, cercano al lugar del hecho.



Pero ahora, gracias a los buenos oficios de una colega, tenemos acceso a la crónica periodística del día siguiente del suceso.



Foto Tobías Büchele (h).
En síntesis, un Douglas DC2 de la Panagra (la Panamerican Grace Air Lines) proveniente de Estados Unidos tenía previsto aterrizar a las 18 horas en el aeropuerto 6 de Septiembre (hoy, Morón), pero el clima adverso lo obligó a volar en círculos durante dos horas. La llovizna y la niebla de una noche particularmente húmeda eran impedimento suficiente para intentar cualquier aproximación a la pista sin correr riesgos.



Lo cierto es que el piloto T. J. Havell lanzó una bengala cuya efímera luz le bastó para elegir un potrero sembrado de maíz, a la sazón propiedad de Pedro Mariscotti. Allí, con suavidad y pericia, acomodó la panza de la aeronave y nadie resultó herido. Eran ya pasadas las 20 y a menos de cincuenta metros se avistaba el borde del arroyo. Havell diría luego que si el avión se hubiese detenido más adelante, sobre la barranca del curso de agua, con seguridad el fuselaje se partiría con las consecuencias que son de imaginar. Algunos de los testigos presenciales dirían, en cambio, que al sentir el ruido y ver la luminosidad de la bengala creyeron estar ante el fin del mundo, noticia que andaba circulando por la radio en esos tiempos y que se produciría justo en el momento en que se caería la Luna.

Foto Tobías Büchele (h).


En su ruta, el vuelo había hecho sus últimas escalas en La Paz (Bolivia), Salta y Córdoba. Acompañaban al capitán Havell su copiloto C. A. Popper y el tripulante C. M.O’Ryan. El pasaje estaba compuesto por Teófilo Meyer, Carlos Hofax, Walter William Hatton, el mayor de Ejército Juan H. Mauriño, Dionisio González, Gerardo Serrano, John Bower y Elías Ballami.



El piloto no hablaba español como tampoco varios de los pasajeros, lo cual no fue obstáculo habiendo también argentinos entre los viajeros.



Las fotos que teníamos fueron tomadas por Tobías Büchele (h), por aquel entonces a cargo de la usina eléctrica del pueblo. En ella se observa a curiosos que se arrimaron al lugar al día siguiente y hasta el tractor a oruga del horno de ladrillos de Zambano, situado del otro lado del arroyo. A ellas se suman, ahora, las publicadas por el diario El Día de La Plata.

Foto: diario El Día.


Quienes arribaron minutos después del aterrizaje atraídos por el rugir de los motores del avión y la luz de la bengala fueron Francisco Rojas (a cargo del destacamento policial situado en camino Belgrano y Alvear) y los agentes Sergio Garachico, Rodolfo Gómez, Luis Aifona y Crescencio Suárez, además de Carnevale, Mercuri, Büchele y otros vecinos de las cercanías.



El avión reposaba sobre un maizal, propiedad de Pedro Mariscotti, pero para llegar a él había que atravesar un pantano: carros, caballos y los fornidos hombros de los chacareros fueron el único medio para desalojar la aeronave y trasladar tripulación y pasaje a tierra firme. Las imágenes tomadas por el anónimo reportero gráfico del diario El Día dan cuenta de ello.



Foto: Tobías Büchele (h).
Dicen los memoriosos que tres días después, cuando hubo secado el barro, fue alivianado de sus asientos, reaprovisionado de combustible y remolcado con un tractor hasta el inicio de la calle Alvear, en la entrada de la estancia El Ombú. Allí comenzó su carreteo y levantó vuelo unos quinientos metros más allá, justo antes de cruzar el camino General Belgrano, como un ave que recupera su libertad.






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