Ja. Jueves de
junio en Jujuy. Julio juntó guijarros junto al aljibe resquebrajado:
jaspes, jades, un menjunje ajetreado que abarajó con enjundia. Jinete de
los mejores, dejó su jumento bajo las hojas quejumbrosas.
Juega
al ajedrez con trebejos japoneses enajenados a Juan. ¡Jorobarse! Justo
rajó por debajo de la reja roja de una jaula: le arrojaban desde el
tejado del garaje tejuelas -no jabones- que atajaba con la jeta. Lo
fajaría el jardinero Jesús jugando ser juez si no rajaba julepeado al
pajonal tras el jacarandá. Justicia por Julio, no es joda.
Jadeante y amasijado, era fija que estaría jodido y cojearía; el traje,
hecho jirones, tajeado sin tijera. Juró ejercer justicia, justificar con
júbilo y jactancia su juego parejo. Ojeó el reloj sin agujas del
tatuaje, homenaje a la Vieja.
Desde lejos lo juna Josefa. Lo
aloja y agasaja con pejerrey en rodajas, jurel, abadejo, lonjas de
jabalí, tasajo en tajadas, jamón, mollejas con ají rojo, perejil,
ajinomoto con ajo, jugo de naranjas y toronjas en jarra rajada, y le
granjea majestuosa tinaja con brebaje salvaje, potaje con jengibre y
ajenjo.
En el jardín de jacintos y jazmines, Julio, Josefa,
Jorge y Jimena, en jean y en ojotas, juegan barajas. Jarana fija de los
jóvenes jocosos junto al jagüel.