Un ejercicio de memoria desgrana como las cuentas de
un rosario muchos de los antiguos comercios de City Bell. Exclusivo para Citybellinos-Gaceta Virtual, un capítulo de "City Bell-Crónica de la tierra de uno. Edición del Centenario", el próximo libro de Guillermo Defranco. | ||||
A menudo la nostalgia resulta contagiosa. Basta que alguien mencione algún objeto de otra época o evoque un nombre para que otro alguien recoja el guante y sume su aporte. Facebook está sembrado de páginas y grupos que miran el pasado y lo traen a la memoria. Creemos que el gran secreto está en que la añoranza sea creadora y no acabe en una melancolía crónica. Cada vez que surge como tema de conversación la identidad de City Bell y el crecimiento comercial del pueblo, surgen los lamentos por lo que se está perdiendo, tanto material como inmaterial. Entre aquéllo, el caso más palpable es el de las viejas casas y locales que, piqueta mediante, han perdido la fisonomía con la cual siempre los hemos conocido por ser parte inseparable de la consonancia local. Otro ejemplo es el de la nomenclatura de las calles, tema ya ajado aunque no caduco y que reiteradas veces nos ha ocupado a lo largo del tiempo. En tanto, otros sienten cierta morriña por los comercios que ya no están, símbolos de sus respectivos barrios y épocas. Más cerca de sus 50 que de sus 60 años, Gabriel Defranco -y fruto de una conversación suya con José Luis Gentiletti-, acercó una primera remesa de nombres y direcciones como aporte al ala más doméstica de la historia citybellina. De las puntillas a los bulones "¿Te acordás de Senluar"? dijo, evocando una mercería que ocupó un local en Cantilo entre 4 y 5 en sus últimos años pero que, creemos recordar, había atendido antes en otra dirección cercana. En el mismo ramo, Josefina González tenía su localcito en su casa de Cantilo entre 19 y 20. Su esposo Daniel tenía la sodería Irazú, principal competidora de UNISEIS, la fábrica de soda de diagonal Urquiza y cuyo sodero insignia fue por años el señor Delgado. Años antes, Gaudenzi y Pagliaro habían instalado la suya en 4 entre Cantilo y 13. Por su parte el ingeniero González (quien fuera administrador del viejo tanque de agua de Obras Sanitarias y nada tenía que ver con el anterior González) también elaboraba agua gasificada, además de las famosas gaseosas Crush, Cunnington y Neussen su planta de camino Belgrano después del arroyo Rodríguez. En ese predio funcionó mucho después la confitería bailantera Escándalo, donde diera su último show el cuartetero Rodrigo Bueno minutos antes de encontrar la muerte en un accidente. En el rubro ferreterías, tal vez el pionero haya sido don Juan Bello con El Pilar, en Cantilo esquina 6, donde había funcionado el almacén de ramos generales y pulpería de Trinidad Fernández y Platero. En la esquina de enfrente, donde hoy hay una galería comercial, tenía el depósito de materiales. Muy cerca de allí tenían su local los hermanos Juan Carlos y Rolando Valenti, en Jorge Bell entre Cantilo y 13. En la esquina de Cantilo tenían también su depósito a cielo abierto. En tanto, en el otro extremo del pueblo José Soto tuvo por años su ferretería y pinturería. En este tiempo en que la bicicleta parece estar recuperando terreno, bien vale evocar el taller de Mengarelli, en 2 entre Cantilo y 13. Creemos recordar que con él trabajaba Orlando (nunca supimos su apellido), quien luego se trasladó a 11 casi camino Belgrano, para cumplir una última etapa en 20 casi Cantilo. Tenemos muy presente el recuerdo de una caricatura de ambos colgada en la bicicletería de Mengarelli. Oslec era el taller de Oscar Lecadito, en Cantilo casi 23, que luego mutó en mueblería y artículos del hogar. Juan Brotto, que además de ser bicicletero supo campeonar sobre las dos ruedas, inició su histórico taller frente a la plaza Belgrano. Hoy continúa abierto, a cargo de su hijo Mauro, sobre la calle 11. Luego sobrevinieron Garanzzini (en 17 casi 11) y José Luis Da Conceiçao con su taller Ferrero quien, tal vez involuntariamente, contribuyó al ocaso de otra bicicletería que funcionaba en un garaje de Cantilo entre 8 y Centenario. Sin embargo, una publicidad que data de la década de 1940 da cuenta de que ya en esa época Nirschdevolvía la salud a las maltrechas bicicletas citybellinas. La buena mesa y otras yerbas Justo enfrente la familia Castellani hizo historia con su pizzería y heladería La Madrileña, la que desde 1950 y por medio siglo se mantuvo en actividad. Fueron famosas también sus pastas frescas, clásico menú dominguero. Al fondo del local había unas pocas mesitas donde uno podía sentarse a saborear una porción de muzzarella auténticamente artesanal. Si de helados "genuinos" hablamos, en la misma cuadra que la bicicletería de Lecadito estaba la heladería de la familia Lega. Luego, allí mismo funcionó el restorán La Chacha en su temporada inaugural. Hoy la oferta gastronómica es rica y variada en City Bell, pero desde 1972 a la fecha, la única parrilla y restorán que subsiste de manera ininterrumpida es El Rancho de Don Enrique, hoy a cargo de los herederos de Enrique Quarchioni. En los inicios de los '70 Leonardo Amoroso abrió Chez Maxim's, un restó con más nombre que categoría. Allí mismo creemos recordar, con características de "boite" -era la manera de llamar a las discos en los años '60- una llamada 2001. Hubo en el rubro varios emprendimientos similares y tal vez el más recordado sea Dinoguet en Cantilo entre 1 y 2, en el mismo local que cobijara sucesivamente al antiguo cine Cantilo, a una mueblería, a un supermercado (no era fácil remontar la pendiente del piso especialmente construido para el cine, pero con el changuito cargado de mercadería) y que actualmente ocupa la iglesia evangélica. Durante décadas, y frente al colegio Estrada, Humberto Cerasa ejerció su oficio de carpintero en el taller que heredó de su suegro Hermenegildo Valpreda. En el mismo ramo hay que recordar la carpintería de Wagner cuyo apellido, por asociación de ideas, nos trae a la memoria al plomero Carlos Strauss. Y casi de la mano, nos viene a la mente el vidriero que estaba en 17 esquina 15 y se trasladaba en un jeep rojo y blanco. Otro vidriero, legendario no sólo por su oficio, fue José Mensi. El aroma del estaño y las resinas fundidos junto al del tabaco negro nos retrotrae al taller de radio, televisión y otras yerbas del querido Enrique Kirschenheuter. Con local a la calle en Cantilo entre 21 y 22 hacía lo propio Antonio Trejo, quien en sociedad con Luis Giffoni tenía la que tal vez fue por años la única disquería del pueblo: se llamaba Artón Radio y estaba en Cantilo entre 21 y 22. Hacia un lado estaba Antonio Maglio con su herrería Italmetal (prosigue la labor su hijo Ángel) y hacia el otro, la tintorería Vanguard, del propio Giffoni, atendida por Chita Cavallieri. Gabriel Defranco acota que en el centro citybellino funcionó hacia los '70 otra disquería de efímera vida. | ||||
El sastre eléctrico El bazar Sarita -de Sata Bocser y José Torrent- fue tal vez uno de los comercios más emblemáticos de la comarca. Previamente se había denominado El Trébol, cuando expendía también semillas y forrajes. Había iniciado sus actividades en el garaje de los Gamerro en Cantilo 19 y 17 en sociedad con Carola Gamerro. En materia de forrajes y semillas, Angeloni hizo también historia en el pueblo. Sobre Cantilo, explotó el rubro Leonardo Detlefsen, fundador de la actual semillería Nardo. Pasemos a ropa e indumentaria. La tienda Sa-Ho se desplegaba en la esquina de Cantilo y plaza Belgrano. Fue la predecesora de León Blanco, que la misma familia explota a pocos metros, frente a la plaza. Tal vez pionera en la venta de ropa y accesorios con un cierto nivel fue la boutique Berlú, de Berta y Milú, que abrió sus puertas en 1958 en Cantilo entre 6 y 7. En la época en que los comercios del rubro textil se llamaban tiendas, la familiaSchaposnik tenía La Esperanza, de la cual recordamos las estanterías con las piezas de tela listas para ser vendidas por metro y las grandes mesas tipo sastre que oficiaban de exhibidores y mostrador al mismo tiempo. Hoy, con otro nombre y otra fisonomía, continúan en el comercio de la indumentaria. Y si uno vende telas, otro tiene que confeccionar la ropa. En la década de los años '50 ejercía el oficio el padre del actor Martín Adjemián, en Cantilo entre 4 y Jorge Bell. Pero un día decidió cambiar de rubro y vender artículos de electricidad. Así que debajo del cartel que rezaba "sastre", le agregó otro que decía "eléctrico", e inauguró una curiosa combinación que, hasta el momento, creemos no ha sido igualada. Junto a él nos parece recordar a un remendón de zapatos, oficio que desde hace 50 años vienen ejerciendo los hermanos Antonio y Genaro Marino en Cantilo entre 19 y 20. En la misma cuadra otro zapatero -don José- hacía su trabajo en un estrecho pasillo donde trabajaba, atendía a los clientes, cocinaba y almorzaba. Lo curioso era que la única máquina que usaba para su labor la tenía en un cómodo local contiguo y casi vacío. En el recuerdo quedó, también, El Borceguí, el taller de zapatería ubicado en el actual pleno centro comercial de City Bell. Y hablar de los Marino es hablar también de sus hermanos Juan y Vicente, peluqueros desde su llegada de Italia hace más de medio siglo. Unos y otros iniciaron su oficio bajo el parral de la casa familiar de los Del Tufo-Marino en Cantilo 20 y 21, trabajando de sol a sol de lunes a domingos. Peluqueros de fuste fueron también López, en un garaje de Cantilo y 2, y Angelone, en Sarmiento entre Cantilo y 15. Y cómo no recordar a Reinaldo Tagliaferro quien, aunque su apellido indique que cortaba metales, sólo se dedicaba a las cabelleras en otro garaje de la misma calle casi esquina 20. Eso en el rubro masculino. Las damas iban a la peluquería de Miguelina Villani (su mamá vendía zapatos en el local de al lado), la de Esther, o la de Olga Ribot, sólo por mencionar algunas. | ||||
Bares y almacenes En el rubro alimenticio la oferta es y ha sido variada. Tan frescas como su recuerdo eran las comidas elaboradas por El Poyino, la rotisería de la familia Villalba con un spiedo instalado casi en la vereda. Sin embargo, suponemos que el pionero en el rubro de pollos cocidos por ese método ha sido, en los años '60, El Pollo Dorado, de los Merlo, en la esquina de Centenario y 15, en el mismo emplazamiento que había tenido el almacén El Vasco, de Santiago Urdaniz, sucesor en el sitio de la farmacia de Jaime Rodríguez, adquirida luego por Abel Guglielmino. Hagamos un paréntesis para evocar la farmacia de Nelio Capelletti, sobre la plaza Belgrano. Dos cosas nos afloran en el recuerdo: la cabezota de Geniol con sus clavos, alfileres y hojitas de afeitar clavadas, y los confites que el farmacéutico regalaba a los chicos, especialmente después de aplicarles alguna inyección. La farmacia que hoy atiende en el supermercado de 15 y Belgrano, tuvo su antecedente directo en la de los Núñez, Cantilo entre 22 y 23. Pensamos en los almacenes y no son pocos los que saltan a la memoria. En Cantilo y 7 estaba el de la familia González, que se identificaba con su número telefónico: El 26. Junto al viejo correo tenían la suya los Pontalti. En la esquina de la avenida con 19 estaba el de Oscar Marchesotti, llamada El Modelo. El matrimonio Arriola tuvo el suyo en 13 casi 21, en el garaje de la familia Sarti. Poco después de su cierre abrió, a la vuelta, La Fragata, timoneada por Olga Vittelozzi. En la otra cuadra Enzo Cattini tenía su rotisería, lo mismo que su hermano Derio en Cantilo entre 17 y Sarmiento. Ambos fueron de los tantos dueños que tuvo el bar La 21, en Cantilo y 21, donde anteriormente funcionara el almacén El Universal, de Daniel Tomassi. Pegado, sobre Cantilo, un señor Rossi tuvo florería, justo antes de donde funcionara la fábrica de muñecas de Piñero y Pedutto. A los bares mencionados habría que agregar Giusseppe, en Jorge Bell entre Cantilo y 13, y El Vesubio, en Belgrano entre 11 y 12. Este último, casi con seguridad tenía cancha de bochas y creemos que pertenecía a los Pallini. En la esquina de 11 estaba el almacén El Argentino, de los Pagani, y en 13 esquina 3, el de los Fabi. Gabriel Defranco recuerda también store wehre "que cuando empezamos a aprender inglés lo traducíamos como 'negocio donde'", dice. Otra rotisería fue la de don Pedro Voskovic en Cantilo casi 2; junto a ella funcionó también un kiosco. En 11 y la entrada al barrio Los Porteños, funcionó por años el almacén de Pittori, también estafeta postal. Sobre Cantilo estuvo el de don Juan Sterpin, y su hijo tuvo más de un emprendimiento en la variante autoservicio en diversos lugares. Del mismo modo, Dauce Del Corro regenteó lo suyo pegado a la Delegación Municipal, anexando también verdulería. Cómo no incluir en el listado a Kurquen, el almacén de Roberto y Rodolfo Minassian, frente al Club Atlético. A una cuadra de la Escuela nº 12 estaba el almacén Il Friuli y no muy lejos, sobre la calle 5, Parma, la fábrica de pastas de la familia Tanzi. | ||||
| Carnes y verduras Complementemos los almacenes recordando las verdulerías de Milano (subsiste remozada en la actualidad) y las de los hermanos Oreste y Terucho Del Tufo. Son recordadas, también, las panaderías Sol de Mayo (en Cantilo y 5, inicialmente de Valenti) y Del Pueblo, en la esquina de 8 y Cantilo. La panadería San Martín -desde hace décadas en manos de la familia Garaventa- fue por años propiedad de Boff, aunque su fundador fue Passarelli. La Belgrano está a cargo de los Montiel desde que tenemos memoria, así como hasta no hace mucho la familia Cipollone fue propietaria de la de Cantilo y Sarmiento. Para cerrar el rubro alimenticio hablemos de los carniceros. Pasarello fue el eterno carnicero del Cantilo entre 4 y 5, Achucarro supo despachar carne en Cantilo entre Sarmiento y 17, en tanto el apellido Moreno es sinónimo de carniceros en City Bell y alrededores. Rossi y Coradi también supieron incursionar en el rubro, y de este último diremos que previamente fue lechero domiciliario, como Bonessi y Barragán, entre otros. En 1966 abría sus puertas un kiosco con venta de artículos escolares que, con las expansiones del caso, se mantiene junto al colegio Estrada: Pinocho. En la esquina de Cantilo y 4 (inicialmente a mitad de cuadra) conserva su frescura El Pucho, originariamente atendido por su dueño, Surace, quien fue también el propietario de un bazar de la plaza Belgrano donde sólo él podía hallar lo que le pedía el cliente, por la cantidad de mercadería sin desembalar que había acá y allá. En materia de kioscos también son leyenda viva los de Cantilo y ambas diagonales y el de Rufino Ramírez, en la esquina de 20, a cargo ahora de su hijo Ricardo. | ||||
| Buena impresión Durante muchos años funcionó una imprenta en plaza Belgrano casi esquina 3. Sin embargo, nuestro recuerdo nos lleva a Epigraf, la imprenta y librería de Elsa y Osvaldo Epíscopo, frente al bazar Sarita. Pionera en el rubro bombonería, café y artículos para repostería fue A los Mandarines, de Haydée Fernández de Valderrama. En este último rubro la imitó Candy, en Jorge Bell entre Cantilo y 13, luego devenido en pequeño almacén. Joselé, su dueño, llegó a editar algún vinilo como cantante melódico. Cómo olvidar a la zapatería Nil Mar en su antigua versión, antes del aluvión comercial de la última década. O a la casa de fotografía de Alicia y Roberto Bugallo, cuyo primer local estaba en Cantilo casi 8 (la esquina era un baldío por entonces). Al lado estuvo el que tal vez fue el primer comercio dedicado al dibujo y las manualidades en City Bell. Se llamó inicialmente Padula y luego tomó el apellido de sus nuevos dueños, la familia Campbell. En materia de librerías que ya no están, y en una declaración pública de subjetividad, anotamos aquí a la inolvidable Punto y Coma. Más específicamente orientada al arte era Celtis, en Cantilo casi 8. | ||||
Oscar Marchessotti en su almacén El Modelo (Archivo Marchessotti).
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Otros rubros El primer despacho de combustible fue el de José Carnevale, en su taller mecánico de Centenario entre Pellegrini y 15. Luego fue de Agustín Robledo, quien se trasladó a la esquina de Güemes. Similarmente, Ángel Cogoma se instaló con igual rubro en el camino Belgrano, casi junto al arroyo Rodríguez. Luego se trasladó a la mano de enfrente, hasta su cierre. Julio Barone y Humberto Defranco también comenzaron (en 1953) con su taller mecánico sobre el Camino, llegando a 11. Doce años después, habilitaron la estación de servicio en la esquina de Cantilo, hasta retirarse en 1997. Emilio Siano, Coco Zampatori y Marino Cescutti fueron exponentes del sector mecánico automotriz. Hablando de talleres, y casi como una paradoja para un pueblo como City Bell, carente (por fortuna) de edificios de altura, no podemos omitir la fábrica de ascensores Excelsior que los hermanos Amante tenían en 17 entre Cantilo y 15. Los últimos apuntes nos recuerdan que existió el oficio de colchonero y tal vez el más conocido del pueblo, y que lo ejerció hasta años relativamente recientes, fue Rafael Karwowski. En Cantilo llegando a 17 estaba la academia de dactilografía de la familia Alonso y años después surgió, casi enfrente, el instituto San Patricio, que a la dactilografía sumaba otras áreas de enseñanza. Desde su local-taller en diagonal Urquiza, José Lago ha sido uno de los relojeros más antiguos de City Bell (hay quien asegura que fue el primero). Quien también ejerció el oficio, aunque luego diversificó su actividad llegando a ser el calesitero de la plaza, fue el Gallego Gómez. Su fama se extendió por el pueblo hasta bien entrados los años '80. Norma y Darío Suárez fueron durante años los propietarios de Gabi, la relojería ubicada a metros de la Plaza. Tampoco están, salvo en el recuerdo, las inmobiliarias de Sav, Ennio Ciccarella y Calógero Randazzo -más tarde se sumaría Urtubey-, tal vez los únicos profesionales locales en esa materia hasta los albores de los '80. | ||||
Amores ocultos Por último, en un rubro sospechosa o pudorosamente relegado en esta evocación, hay quienes recuerdan con nostalgia los hoteles alojamiento El Ciervo (sobre el camino Belgrano), La Primavera y Los Cedros, éstos dos en el camino del Touring Club paralelo a las vías, cruzándolas en dirección a Gonnet. Aún quedan sus ruinas. Tal como deberíamos haber aclarado desde el inicio de este artículo, la evocación es necesariamente incompleta y subjetiva. Está signada, fundamentalmente, por el ámbito geográfico y barrial por el que nos movíamos en los años '60 y '70, y por la costumbre familiar de comprar en uno u otro comercio. Hay nombres y lugares que se cruzan y se mezclan en el recuerdo y para hacer más completo el texto deberíamos habernos extendido en varias de las menciones. Pero ese es otro objetivo. Aquí, tan sólo procuramos responder a una inquietud y dejar testimonio de la existencia de tantos comercios que ya no están. No pretendimos -no podíamos- abarcar su totalidad, ni mucho menos. Apenas escribir sus nombres para que no se pierdan, para disparar los recuerdos de otros y que no nos genere nostalgia sino una resultante creadora que otorgue a los nuevos habitantes de City Bell una idea de lo que supo ser años atrás. |
lunes, 26 de noviembre de 2018
Aquellos comercios de barrio
El primer banco
En 1963 se abrió la primera sucursal bancaria en nuestra ciudad. El
Banco Río de la Plata
desembarcaba aquí cifrando sus esperanzas en una nueva y prometedora plaza
comercial.
Cuando Francisco Occhipinti comenzó su carrera bancaria, posiblemente no
haya sospechado que su vida estaba dando un vuelco ni que acabaría
protagonizando un capítulo de la historia de City Bell. Un año antes de morir
dialogaba con un cronista de la revista Vereda Bell, con vistas a un artículo
que se publicaría con su firma. En él relataría el origen de la primera
institución bancaria que se abrió en City Bell.
"El Banco Río de la
Plata fue la primera
institución bancaria que se animó a instalar una sucursal en la amplia zona que
va desde La Plata
hasta Florencio Varela. Le corresponde a City Bell el privilegio de haber sido
la localidad elegida para instalar esa sucursal por el directorio del banco, en
la persona de su por entonces presidente, el doctor Carlos Pérez Companc. Las directivas no fueron de alquilar un
local para "ver qué pasaba",
sino las de adquirir una propiedad para tal fin", comienza Occhipinti.
| Francisco Occhipintti, primer gerente bancario del pueblo, junto al excrack de fútbol Nolo Ferreyra, en el brindis inaugural. |
A principios de 1963 el Banco Río
compró al señor Landolfi la propiedad
ubicada en Plaza Belgrano esquina 3 (luego Banco Platense, más tarde Municipal
y hoy Provincia) y de inmediato procedió a las refacciones y ampliaciones para
adaptarla a las necesidades de la nueva institución.
Confianza
"Era tanta la confianza que tenía Pérez Companc en City Bell
-rememora-, que el 18 de marzo de 1963 se
hizo la inauguración con la presencia del propio Pérez Companc (presidente del
banco); su vicepresidente y por entonces presidente de YPF, el doctor Bustos
Fernández; el arzobispo de La
Plata , monseñor Antonio Plaza; el padre José Dardi, y el
presidente del Club Atlético City Bell, Carlos Chidíchimo". En la
ceremonia hasta hubo banda de música.
Francisco Occhipinti fue designado para dirigir esta primera
sucursal habida cuenta de su larga trayectoria en el banco de la Nación Argentina
en localidades como Río Colorado, Bahía Blanca, Ushuaia, General Acha, Comodoro
Rivadavia, Coronel Dorrego y, hasta pocos días antes de la designación en City
Bell, gerente de la filial Punta Alta, en las cercanías de Bahía Blanca.
Y hurgando en la memoria, evoca a
algunos de los primeros cuentacorrentistas que tuvo la sucursal: Ricardo Berri, Leonardo Detlefsen, Julio
Barone y Humberto Defranco, Juan Vendramín, Juan Bello, Sebastián Guerreiro
Brites, entre otros.
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Hoy es historia
Cumplido un año de la celebración por los 100 años del nacimiento de City Bell, reflexionábamos lo siguiente a modo de evaluación y balance:
Hablar hoy de City Bell es hablar
de su historia misma. Es que transitar el año de su Centenario, rememorar los
recientes y actuales sucesos que conmemoran los cien años de su fundación es
escribir, al mismo tiempo, un trozo de su historia.
Hemos tenido la gracia de ser
parte de muchos de esos acontecimientos, tanto como espectadores como asumiendo
un rol protagónico, si es que contar públicamente o por escrito aspectos de
nuestro pasado como comunidad puede considerarse protagónico.
Hasta donde hemos sido capaces,
procuramos que llegara a cada uno de nuestros interlocutores el pensamiento que
nos ha acompañado y nos acompaña en todo este tiempo: "Dejemos nuestras
huellas y la de nuestro calzado impresas en cada centímetro de su superficie.
Veremos florecer la historia que las generaciones venideras habrán de necesitar
para conocer su origen, para comprender su presente. Para seguir construyendo
un City Bell como todos queremos". La frase está encerrada en un escrito
que nos pidieron para imprimir en el menú de la cena del Centenario. Para
nuestra sorpresa -y para alimento de nuestro ego-, no sólo fue colocada también
en el reverso de viejas fotografías del pueblo devenidas en imitaciones de
tarjetas postales (a modo de souvenir), sino que constituyó también el centro
de los manteles en cada una de las mesas de la velada.
Habida cuenta de que las cifras
oficiales hablan de unas 35.000 personas participando de los festejos,
aceptemos que se trata de una cifra nada despreciable para una comunidad que
andará en el doble de habitantes.
Hubo teatro, música, cine, canto,
pintura, dibujo, desfile, venta de artesanías y otros productos, exposiciones
de automóviles, de fotografías, de maquetas. Hemos dedicado una edición del
libro que contiene historias de la historia de City Bell a estos cien años.
Cada cual, a su manera, ha dejado su huella para los próximos años, y la
posteridad.
¿Habrán comprendido los más
chicos la trascendencia del momento? En algunas de las escuelas a las que
fuimos invitados a exponer sobre la historia local, les transmitimos a los
alumnos la inquietud: pensemos en dentro de 50 años, pensemos en el festejo por
el cumpleaños número 150 de City Bell. ¿No les gustaría encontrarse con un
testimonio de estos 100? ¿No sería lindo plantar hoy un árbol en el patio de la
escuela como testimonio de quienes vivimos esta fiesta?
Horadar la piedra como una gota
de agua. Hablar aquí y allá en estos meses posteriores a este mayo y hasta
llegar al próximo, regando esta tierra prolífica y fértil para que florezca la historia. Porque plantar la semilla es empezar la
historia. Esa historia que no pasó ni habrá de pasar, sino que está hoy tan
viva como siempre.
Hurgando en cada barrio, en cada
calle, en cada vecino, nos toparemos con la herencia de nuestros mayores.
Hagámosla nuestra.
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Mayo 2015
jueves, 22 de noviembre de 2018
Un almuerzo de $5.000
City Bell no tuvo un acto
fundacional. Su nacimiento consistió en un mero acto administrativo, la firma
de un funcionario que el 10 de marzo de
1914 autorizó su trazado dándole así entidad y existencia jurídica. Hubo de
pasar casi quince años para que las primeras obras fueran inauguradas a toda
pompa. Sólo faltaron bombos y platillos.
“Todo se preparó
dignamente para recibir la visita del primer magistrado a quien acompañarían
-según dice una de las actas de la época- sus ministros, funcionarios de la
administración, gerentes de Bancos, del Ferrocarril Sud, de la Unión Telefónica ,
intendente, concejales, etc. Se había decidido que el acto se realizara en la Casa de Té que era, a la
sazón, el sitio más adecuado”.
"La
Comisión de Fomento
-narra el administrador Büchele- tomó
conocimiento de que la visita del señor Gobernador era de esperarse para el
sábado 31 de enero, a las 12.30. Quedó el vicepresidente, señor Linares,
encargado de dirigirse con unas palabras al señor gobernador agradeciendo en
nombre del pueblo y de la comisión, su visita. Todos los miembros quedaron de
acuerdo en reunirse a las 12 en la estación para recibir a los huéspedes. Se
había invitado a los vecinos a contribuir al brillo de los festejos
embanderando sus casas y concurrir a la recepción: todo se hizo así, y City
Bell presentaba un hermoso aspecto con sus muchas banderas ondeando al viento
de aquel luminoso día. El almuerzo se sirvió bajo carpa, por una importante
confitería de Buenos Aires y en él se invirtió una suma que podrá parecer
excesiva, pero que estaba de acuerdo con la magnitud de la ayuda que la Comisión de Fomento y el
pueblo en general habían recibido de aquel gobernante”. El costo del mismo
rondó los 5.000 pesos de la época y para darse una idea de lo que ese monto
significaba, baste con decir que los quinteros pagaban por año y por hectárea
arrendada, una suma cien veces inferior.
Una crónica periodística de la
época, consigna textualmente: “Inauguración
oficial del nuevo pueblo de City Bell 31 de enero de 1925. Crónica de los festejos.
Se realizo ayer la anunciada inauguración oficial del vecino pueblo de City
Bell fundado por la
Sociedad Anónima de City Bell cuyo directorio preside el Dr.
Adolfo Labougle (por fallecimiento del señor José Guerrico), que por
inmejorable ubicación y notable impulso dado a su proyecto durante el ultimo
año, será una de las villas veraniegas más pintoresca de las inmediaciones de La Plata .
”Asistieron al acto el Gobernador de la Provincia de Buenos
Aires, Dr. José Luis Cantilo y los ministros de hacienda y de Obras Publicas,
Señores Viale y Rodriguez Jáuregui, quienes llegaron en automóvil desde esta
ciudad poco después de las 12 horas, coincidiendo con los trenes especiales que
traían desde Buenos Aires a las personas invitadas especialmente. Igualmente ocurría
con quienes provenían de La Plata .
”El Sr. Cantilo fue recibido en la estación del Ferrocarril del Sud por
el directorio de la
Compañía City Bell presidida, como habíamos dicho, por el Dr.
Labougle, otros miembros del mismo directorio y numerosos caracterizados del
nuevo pueblo. Frente a la estación se había formado el personal de la comisaría
6ª al mando del Comisario Gigena y oficial Balsa y la banda de música de
guardias de cárceles que poco después encabezaba la columna que recorrió la
calle principal (14) a la que el vecindario bautizo con el nombre de Cantilo.
”Al llegar la columna a la entrada de esa calle, el Sr. Segundo Linares,
Presidente de la Comisión
de Fomento de la villa, pronunció un breve discurso de bienvenida que fue muy
aplaudido, siguiendo luego la comitiva hasta la amplia carpa donde la compañía
fundadora y vecinos ofrecieron un muy bien servido banquete al Sr. Cantilo y su
comitiva.
”Ante una inmejorable presentación de las mesas, tomaron asiento las siguientes
personas: Gobernador de la Pcia de Buenos Aires Sr.
Cantilo, Ministro de Obras Públicas Dr. Rodriguez Jauregui, de Hacienda Sr.
Viale, el Presidente de la
Honorable Camara de Diputados Sr. Pizarro, Presidente del
directorio de la S.A. City
Bell Adolfo Labougle, el Intendente de La Plata Sr.
Morales (que acababa de asumir en reemplazo del Sr. Silva), diputado
Haramboure, director de ceremonial de la Gobernación Sr.
Rodríguez Irigoyen, el Gerente del Banco de la Nación Sr. Mariano
Gradin, del Banco Escandinavo Sr. Pedro Stomi, el Jefe de la Policía Sr. Laureano
Argañaraz, Ministro de Bolivia Sr. Alberto Diaz de Molina, Concejal Dr. Abella,
el Secretario del Consejo Deliberante Sr. Garat. Sres.: Carlos Kier, Ricardo
Labougle, el Comisario Sr. Gigena, Oficial Insp. Balsa, Ing. Albarracín
Sarmiento, Carlos Morea Urraza, Olmedo. Vecinos de City BelI: Luis Cordero,
Diez, Gómez, Islas, Carbone, Barros, Acebal, Mattaloni, Valera, Blanca, Dillon,
Funes, Lombardo, Señorans, Chiarrone, Scherrer.
![]() |
Tobías Büchele, administrador del pueblo, y Labougle -por la S. A. City Bell-
aguardando la llegada de la comitiva oficial en la estación de trenes.
|
”A los postres el Dr. Labougle ofreció la demostración en breves
palabras, brindando por la prosperidad del pueblo que se inauguraba bajo tan gratos
auspicios y por el Sr. Gobernador que había accedido tan gentilmente a la
invitación que le hicieron y ayudado con eficacia en el desenvolvimiento de la
villa. Contestó el Sr. Cantilo agradeciendo los gratos momentos que los vecinos
le habían proporcionado y haciendo votos porque el nuevo pueblo que desde su
iniciación había contado con tan hermosos y pintorescos edificios ubicados
sobre uno de los parajes más saludables de la tierra, fuera la villa más
importante de las inmediaciones desde la Capital de la Provincia , como era
lógico esperar dada la actividad de la compañía fundadora y la preocupación
constante de la comisión de vecinos creada para su fomento.
”Después de las 15 horas el Gobernador y los ministros emprendieron el
viaje de regreso en sus automóviles hacia la Capital Federal y
los demás invitados en los trenes especiales que se detuvieron expresamente en
aquella estación.
”Estado del tiempo en el día de la visita del Sr Gobernador: Presión
atmosférica 762.4 mb. Temp. Máx 26º Temp. Min. 13.5º a las 4:25 hs. Humedad 25%
Viento NO 15 Km/h .
“La noticia más importante de la venida del Gobernador Cantilo fue el
anuncio de la aplicación de la
Ley Mitre que le permitirá al pueblo poder asfaltar la calle
principal (14) Cantilo y la
Av. Labougle ”.
La fundación del pueblo
“El
18 de julio de 1913, don José Guerrico en representación de la Sociedad Anónima
City Bell, compra a la sucesión de Don Jorge Bell algo más de 300 hectáreas de una
fracción de su Estancia Grande para formar un pueblo”...
Más
o menos con estas palabras comienzan habitualmente los artículos referidos a la
historia y fundación de City Bell. Así arranca su “Breve historia de City Bell” el historiador local Carlos
Moncaut, todo una autoridad en historia bonaerense, párrafo que se ha
reproducido como un clisé en infinidad de publicaciones que abordaron la
historia de nuestra ciudad.
Muerto Jorge
Eduardo Bell, sus herederos deciden incursionar en el negocio de la
urbanización y con tal motivo dan el visto bueno a la conformación de una
sociedad anónima a la que llamaron “City Bell”, haciendo caso omiso a
las reglas de la gramática inglesa.
El nombre “City Bell” siempre llamó la atención de
quienes “algo” de lengua inglesa conocen, aunque más no sea de haberla visto de
pasadita en la escuela primaria.
Fue José Guerrico, presidente de la sociedad
fundadora, quien propone oficialmente este nombre para el nuevo pueblo. Lorna Bell nos acerca alguna pista,
luego de calificar de “disparate”
atribuido a su tío Eduardo esta construcción gramatical. “Fue un invento de mi
tío que yo no entiendo- acota, como deslindando responsabilidades a quién
integrara también el directorio de la empresa urbanizadora. Parece ser, no más,
que una humorada del mayor de los hijos de don Jorge acabó dando nombre a la
comarca que hoy habitamos.
El Duplicado
de Mensura 303 que se conserva en el Departamento de Geodesia del Ministerio de
Obras y Servicios Públicos de la
Provincia de Buenos Aires, señala que con fecha 18 de julio
de 1913 los herederos de Bell “venden a don José Guerrico como representante
de la Sociedad Anónima denominada ‘City Bell’ 300 hectáreas de
campo que son parte de el estancia denominada ‘Estancia Grande’ ubicada dentro
del partido de La Plata
cuya fracción de 300
hectáreas ha sido medida por el agrimensor Esteban
Panelo, lindando por el NO, SO y SE con más campos de la sucesión Jorge Bell y
por el EN la vía del ferrocarril sud. Terreno reservado para estación del citado
ferrocarril y con el camino general de La Plata a Buenos Aires”.
El
agrimensor Esteban Panelo es
comisionado a realizar el trazo del nuevo pueblo, y del primer proyecto
presentado se le requiere desde la oficina de Geodesia realice algunas
correcciones, tales como la especificación de las tierras reservadas a uso
público. El nuevo proyecto consigna lo siguiente:
En la
planta urbana:
|
|
|
|
||
|
|
|
Manzana
|
Solares
|
Superficie
|
|
1
|
Casa Municipal
|
30
|
1 al 15 incl
|
|
|
2 y 3
|
Iglesia y casa del cura
|
23
|
3 al 10 y 13
|
|
|
4
|
Juzgado de Paz
|
16
|
11 y 12
|
1000 m2
|
|
5
|
Registro Civil
|
16
|
13 y 14
|
1000 m2
|
|
6
|
Valuación
|
34
|
11, 12 y 13
|
|
|
7
|
Telégrafo
|
19
|
11, 12 y 13
|
|
|
8
|
Comisaría de Policía
|
37
|
Íntegra
|
|
|
9
|
Escuela de varones
|
21
|
6 al 18
|
|
|
10
|
Escuela de mujeres
|
32
|
6 al 18
|
|
|
11
|
-----------------
|
2
|
6 al 26
|
|
En las
quintas:
|
1
|
Potrero Policía
|
13
|
|
|
|
2
|
Cementerio
|
14
|
|
|
|
3
|
Corralón Municipal
|
15
|
|
|
|
14
|
Hospital
|
45 fracción b
|
|
|
Plazas:
1 Plaza (principal) – Rodeada por
las manzanas 24, 29, 30, 23.
2 Plaza Rodeada
por las manzanas 50, 57, 56, 51.
3 Plaza Rodeada
por las quintas 4 y 5 y las manzanas 3 y 4.
A estas
reservas se propusieron las siguientes modificaciones:
Manzanas solares superficie
Comisaría de Policía 37 6 al 11 1995,50 m2
Escuela industrial 37 12
al 19 2992,50 m2
Campo ejerc. Físicos 37 1
a 5 y 20
a 28 4991,00 m2
y el Cementerio ubicado con las mismas dimensiones
en el ángulo Oeste de la quinta 17.
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