jueves, 22 de noviembre de 2018

La Estancia Grande


Jorge Bell tenía dos establecimientos -La Pacífica en Tandil y La Favorita en Balcarce- entre otras propiedades. Ambos eran estancias ganaderas y producción invernaba en la Estancia Grande.
Esta acumulación de fundos no sería a perpetuidad, puesto que no pocas veces debió ceder terrenos al Estado como las hectáreas que se le expropiaron en oportunidad de realizarse el trazado para la fundación de la ciudad de La Plata, nueva capital provincial a partir de la federalización de la ciudad de Buenos Aires en 1882.

Una estancia de excelencia

Hacia 1910, el diario La Nación publicaba artículo que decía, entre otras cosas:
La Estancia Grande, de don Jorge Bell, se halla situada sobre la vía férrea de Buenos Aires a La Plata. Es una de las más ricamente sombreadas con plantas altas y valiosas, divididas ora en isletas, ora en cortinados tupidos alrededor de sus 28 potreros…
 “En la Estancia Grande hay pastos insuperables, regados por varios cursos de agua: el Carnaval, el arroyo Rodríguez y el que lleva el nombre del establecimiento; los tres desembocan en el Río de la Plata.
“El campo tiene una extensión de más de dos leguas, lindando en su parte sur con los arrabales de La Plata.
“Hoy hay allí magníficos edificios y parques que en su género son de los mejores de la república. La cabaña y la estancia cuentan con instalaciones de primer orden, que son verdaderos modelos. Con esto y una larga experiencia se explica que la producción sea inmejorable…

Jardines de la Estancia Grande.
“Todos los años, en las exposiciones-ferias de septiembre que la Sociedad Rural Argentina celebra en Palermo, se realizan importantes ventas de los productos de la cabaña Estancia Grande, sin contar las transacciones que durante el año se verifican en el mismo establecimiento.
 “En la sección invernada de los potreros hay constantemente alrededor de 5000 capones y de 10 a 12.000 ovejas.
La Estancia Grande ha concurrido a todas las exposiciones celebradas en Palermo, bajo los auspicios de la Sociedad Rural Argentina, obteniendo los más altos premios por los productos presentados.
“Hay en el mismo establecimiento una regular área de tierra dividida en chacras, en la que se realizan excelentes cosechas de trigo y de maíz”.
Hasta 1944 la Estancia Grande abarcaba 4459 hectáreas tasadas en unos ocho millones de pesos Moneda Nacional, más el valor de las construcciones. Las estancias de los Bell eran de las más prestigiosas entre las asociadas a la Sociedad Rural Argentina.

El casco
Lo que hoy es la guarnición militar de City Bell era lo que se consideraba el casco de la Estancia Grande: 25 hectáreas arboladas y parquizadas como lo muestran fotografías de la época, recostadas en el filo de la barranca que cae sobre el bañado y el arroyo Rodríguez.

El Casino de Oficiales del cuartel es la casa principal del viejo casco y habría sido construida por la familia Rodríguez hacia 1837, y posteriormente ampliada por Jorge Bell. La construcción se encuentra en la actualidad en muy buen estado de conservación aunque algunas de las reformas que se le practicaron no condigan con su estilo original.
Sello seco de la Estancia Grande (Colección particular).

Los jardines de la Estancia fueron realizados en 1888; una magnífica obra de arte del paisajismo. Setenta y cuatro casuarinas se encolumnaban en galería hacia la última entrada que tuvo la estancia, que aún pueden verse desde el camino Centenario.

Jorge Bell habilitó esa entrada por razones de practicidad: el reemplazo de la antigua entrada de pinos y ombúes de la actual diagonal que lleva su nombre y la calle Güemes. Nada habría de cierto en una tradición que asegura que esta última vía desembocaba casi en forma recta en el actual camino Centenario y aún más allá, desde donde los carruajes tomaban hacia la estación ferroviaria de Villa Elisa. De hecho, en los tiempos en que el ramal ferroviario no pasaba por City Bell, la familia residía en el casco de la Estancia Chica y no en el de la Grande.

La organización
La organización en "puestos" facilitaba la administración de la estancia. En la actualidad sobreviven viejas construcciones de material que habitaban los puesteros, las cuales gozaban de los grandes adelantos introducidos por Bell en su heredad: cada uno disponía de agua corriente gracias a un a red de molinos de viento interconectados. Los "puestos” eran: del Médano (hoy puede verse la construcción junto al arroyo Rodríguez, en el límite con Ensenada), el Centinela, el Rincón, de los Ombúes, el Capitán, de Tablas, Sauce Chico, de las Barrancas, del Arenal (actualmente, instalaciones del Club Banco Crédito Provincial), del Zanjón, del Telégrafo y el Sauce.

La estancia tenía la entrada por la tranquera de la actual diagonal Jorge Bell y Güemes, “pero la cambiaron a la avenida de casuarinas, en el camino Centenario, cuando lo pavimentaron, porque quedaba mucho más cerca y era camino pavimentado. ¿Usted sabe la gente que se quedaba a dormir en casa cuando venían los domingos y llovía? No se podía pasar por ahí: era todos ombúes y barro”, contó Lorna Bell.

Los ombúes los había plantado mi abuelo, pero fue lo peor que podía haber hecho. Mi abuelo hizo la avenida de casuarinas hasta las vías. Iba hasta allí en el coche y ahí se bajaba y tomaba el tren. Nunca fueron a Villa Elisa. No sé cómo avisaba al tren para que parara; por ahí le ponía alguna bandera, algo muy primitivo. Leonardo Pereyra hacía eso en la estancia San Juan”, explicó.

             En 1927, a los setenta años de edad, deja de existir Catalina Shaw, viuda de Jorge Bell y las necesidades económicas hicieron que sus hijos debieran desprenderse de la Estancia Grande.

Lorna, Juan y Audrey,  en su infancia. Fueron los últimos
habitantes de la estancia. (Colección privada).
 Al conformar la Sociedad Anónima City Bell, la vicepresidencia la ocupa Hialmar Aberg Cobo, de ascendencia sueca. Ese nexo sirvió para que el Banco de Suecia accediera a financiar el proyecto de fundación del pueblo. Pero como los primeros intentos de venta reportaron poco dinero a la empresa, la bancarrota arrastró también a la entidad financiera, al punto que cuando falleció la viuda de Bell, Eduardo fue el único heredero que no obtuvo su parte, puesto que sus acreedores se cobraron de ella las deudas adquiridas.

Su hermano Percival Bell compró entonces parte de la propiedad (unas 150 hectáreas) por un monto de $ 20.000, en la que residirán su esposa Alicia Chantrill, y sus hijos Juan Allan, Audrey María y Lorna Pamela, hasta la expropiación por parte del Estado en 1944.



No hay comentarios.:

Publicar un comentario