Decíamos alguna vez que los
barrios son la gente que los habita. En cada casa hay un pedazo de la vecindad
encarnado en sus habitantes, manifestación viva de una identidad, una
característica de la tierra que habitan. Con el paso de los años y el
consecuente recambio generacional, muchas de esas casas se transitan una
evocación de sus primitivos ocupantes o de quien la construyó y toman así su
nombre, independientemente de quién la habite u ocupe en la actualidad.
Siempre nos preguntamos por los primeros
moradores de aquellas épicas construcciones ordenadas por la sociedad fundadora
de City Bell, aquellas que se erigieron en la década de 1920 como forma de
atraer vecinos al incipiente pueblo fundado en 1914.
El arquitecto y paisajista Jorge Bayá Casal vive actualmente en Béccar aunque se
crió en City Bell, sobre la calle Silva. Lleva el mismo nombre que su padre y
que su abuelo, primer adquiriente de la casa levantada en el cruce de calle 13
esquina 8, una de las reliquias de la arquitectura fundacional del pueblo. Don
Jorge figura entre los integrantes de la Asociación de Fomento de aquellos
incipientes tiempos citybellinos. Posiblemente él mismo la haya vendido años
después a la familia del doctor Jorge Grau, que la habita actualmente y
desde hace ya varias décadas. Un dato que no es menor para quienes nos
interesamos por el tema.
Por vía del correo electrónico nos llegó la invitación a
conversar acerca de la ”casa Arias”. Así
llaman los arquitectos a la vivienda que pertenece a esa familia desde hace
unas ocho décadas, pasando de generación en generación. Hace ya algunos años
dejó de ser vivienda para albergar un restorán, y está actualmente en obras
para devolverle el aspecto exterior que tuvo en su origen, aunque adentro se
servirán comidas del mejor nivel italiano, según prometen.
La casa Arias sigue
perteneciendo a la misma familia y es preexistente a las históricas de City
Bell. Dataría de 1915 o antes, y eso se explica porque habría sido construida
para dar alojamiento a los obreros de las primeras obras públicas del pueblo.
Se nos ocurre pensar que también los hacedores de la considerada primera casa a
metros de allí se habrían albergado en la vieja construcción de Cantilo entre 6
y 7.
La casa que desde hace poco ocupa un comercio de los
rubros gastronomía y decoración en Jorge Bell entre 12 y 13 es conocida por los
vecinos como la casa de Chorny, por la
última familia que la habitó hasta que hace aproximadamente una década pasó a
tener un fin comercial. Aún sin saber si ellos fueron los primeros propietarios
de la construcción, su apellido es inherente a ella y le ha dado su identidad.
Así, con cuentagotas y mucha memoria, podríamos ir
reconstruyendo el listado de aquellos ilustres pioneros que dieron vida a
aquellas viviendas iniciales; aquellas familias que delinearon los primeros
trazos de la personalidad de un pueblo que estaba en pañales y que hemos
heredado con orgullo de hijos y nietos.
Aún cuando no se trate de construcciones emblemáticas de
los tiempos fundacionales, podríamos asegurar que están impregnados del carisma
de quienes las moraron. Un ejemplo claro es la parroquia Sagrado Corazón de
Jesús, que sigue siendo “la iglesia del Padre
Dardi” aún a treinta y cinco años de su muerte. La esquina de 13 y 3 sigue
siendo “lo de Fabi”, la casa de Sarmiento y 15, “la de Verge”, y
muchos saben que el hotel funciona “en lo de Acebal”, o dónde queda la
casa de Bello. A propósito, la casa Arias se ubica justo frente a la Unión
Telefónica. ¿O no?
No se trata sólo de un juego de memoria, de un enhebrar
recuerdos. Lo decíamos al principio: los
barrios y las casas son lo que son sus habitantes y son lo que fueron quienes
las habitaron en el pasado. No creemos que sea alocada la idea de
identificar aquellas que dieron forma al City Bell de las primeras décadas,
saber quiénes vivían en ellas y consignarlo de algún modo en el que todos
podamos informarnos. Es cuestión de poner manos a la obra.
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17 nov 16

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